Por la mañana retornaremos a La Paz, ciudad circular desde la que volaremos hasta la ciudad imperial de los incas. Cuzco, la urbe “ombligo del mundo”, es donde se estableció el núcleo de la actividad administrativa del territorio incaico. Y es que a sólo 20 kilómetros de allí, en Huatanay, se originó la etnia de este imperio del Tahuantinsuyo, que miraba a los cuatro puntos cardinales. Después de acomodarnos en nuestro hotel y tomarnos un reconfortante té de coca iniciaremos nuestro paseo por sus estrechas calles empedradas. Entre sus casas con muros de piedra de claro estilo incaico y los signos de la posterior cultura colonial, comenzarás a comprender la pericia con la que esta gente aprendió construir y el cambio que la conquista produjo más tarde. A lo largo de nuestro circuito, lo nativo y lo occidental aparecerán en sincretismo: no sólo en la arquitectura, sino también en la pintura, el idioma y, por supuesto, el culto religioso. Sin embargo, también tendrás la oportunidad de ver cuatro zonas arqueológicas aledañas a la ciudad, donde el talento inca se manifiesta con certeza única: la fortaleza de Sacsayhuamán, el adoratorio de Qenko, la fortificación de Puca Pucará y el lugar de descanso de Tambomachay. Daremos vueltas y vueltas, hasta que finalmente seremos otra vez atraídos hacia el centro mismo de Cuzco y sus encantos milenarios.